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El pueblo Oriental está constituido por emigrantes desde el comienzo de la historia de nuestra querida patria, y hoy a tantos años de su fundación las nuevas generaciones de Orientales siguen sintiendo en sus venas, ese hormigueo de raza nómade, que nos instiga a cambiar de horizontes, aunque el precio de hacerlo, es dejar todo lo que más queremos detrás de nuestro, en aras de una vida nueva y diferente, y esto es provocado por diferentes factores; todos los Orientales reconocemos y recordamos con respeto y orgullo, a aquellos que dejaron sus casas, sus tierras y quemaron sus cosechas para seguir a José Gervasio Artigas en el gran Éxodo, prefiriendo perder todo a ser avasallados o ser esclavos de ninguna potencia del mundo. Sin lugar a dudas, ese espíritu indómito que es muy propio de los Orientales, sigue latiendo en nuestra raza, y es lógico que los que resolvimos dejar nuestra tierra y emigrar a diferentes partes del mundo, lo hemos hecho por muchos y diferentes motivos, pero en el fondo, porque no estábamos dispuesto a aceptar nuestra suerte de una manera u otra, y mirado de diferentes ángulos ó “cristales” (como se suele decir), notaremos que simplemente fue, por que afloró en nuestro espíritu ese legado indómito de seres independientes y amantes absolutos de la Libertad.
Debemos mantener nuestra cultura.
El mantener nuestra cultura por medio de escuelas de idioma castellano, el teatro, la poesía, el canto y la danza se hace imperioso, pues debemos seguir rememorando todo lo nuestro y pasarlo de una generación a otra a través de nuestros hijos. No cabe duda de que tenemos que intentarlo por lo menos. Desafortunadamente la gente de mi generación (yo nací en 1947) careció de información adecuada en lo que se refiere a danzas en sus estudios primarios o secundarios, y es por esta razón que se torna tan difícil para la gran mayoría de los uruguayos que emigraron en la década del 70, el aceptar ó valorar la tremenda riqueza de nuestras danzas folclóricas, por lo general se sienten mas identificados con el candombe y la murga por ser esto lo que más se veía en Montevideo, debo acotar que nuestras danzas folclóricas no se bailaban sólo en la capital sino en todo el Territorio Nacional, ahora debo puntualizar que gracias al trabajo de recopilación de Don Lauro Ayestarán conjuntamente con el aporte coreográfico de su esposa Doña Flor de María Rodríguez de Ayestarán, es que sale a conocimiento popular la música y coreografía de más de 20 danzas que ellos rescatan del olvido cuando ya se daban por perdidas, y esto sucedió en la segunda mitad de la década del 70.
En el siguiente artículo seguiré desarrollando este tema que creo muy importante para la comunidad uruguaya, hasta la próxima entonces. Quien escribe Luis Chiriff Director del Ballet Folclórico Uruguayo ahora radicado en la ciudad de Sydney.
Este artículo fue publicado en Australia por el diario “Noticias y Deportes” el día 18 de Febrero del año 1999.
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